(Articulo presentado en Ciudad de Mexico para explicar el diagnostico y la posible modificacion al sistema binominal, desde la perspectiva humanista cristiana)
Indudable que la democracia se concibe como la mejor forma para generar un ordenamiento político y jurídico a las sociedades modernas. Pues en ella se plasman los principios de participación, representación, pluralismo y estado de derecho, entre otras.
En la medida que estos postulados van tomando cuerpo en nuestras democracias y por consiguiente se consolidan, surge la reflexión en los politólogos, los analistas y la sociedad en general, de cómo armonizar una perfección del sistema democrático, es decir, como conjugar las expresiones de gobernabilidad y representación que emanan de un sistema democrático.
Ciertamente en Latinoamérica los quiebres democráticos y la lenta reconstrucción de las instituciones han derivado en sistemas electorales muy poco armoniosos entre estas dos importantes variables, pues producto de los caudillismos y agitaciones sociales entre otras, se ha configurado un escenario donde prevalece la oligarquía y la creciente apatía por la política y sus partidos.
Pues Chile, no ha estado ajeno a esta realidad, el quiebre de la democracia en el año 1973 y los posteriores 17 años de dictadura militar, configuraron un espacio para que se introdujeran reformas profundas al sistema económico y político; por una parte la liberalización del mercado y la doctrina del sistema neoliberal marcó la economía nacional. La nueva carta fundamental del año 1980 y el ordenamiento político que de ella emanaba, daban cuenta de la preocupación que existía por un posible retorno de la inestabilidad política, por lo cual se potenció la gobernabilidad y el contrapeso político –ante una eventual derrota del régimen en la transición- entre la izquierda moderna y los sectores derechistas identificados con la dictadura de Pinochet, generando así barreras a los extremos e intentar convertirlas en fuerzas “moderadas”[1].
Es así que bajo este contexto se define el sistema electoral “binominal” que tiende a agrupar a las distintas fuerzas políticas en dos grandes coaliciones y generar una fuerza centrípeta del sistema de partidos. Bajo este contexto y considerando los hechos históricos en donde cada segmento o partido tiene un lugar en la historia de la dictadura, nacen dos grandes coaliciones que se disputan el poder hasta la actualidad a partir de la transición de 1989. La concertación de partidos por la democracia que agrupa a la mayoría de las fuerzas que fueron opositoras al régimen de Pinochet[2], y la Alianza por Chile que fueron los partidos que colaboraron activamente con el Gobierno Militar[3].
En esencia el sistema electoral binominal fuerza a los empates en la configuración legislativa, y asigna una sobrerepresentación a la segunda mayoría en desmedro de la primera. Esto se traduce en que para que una lista de Diputados o Senadores[4] obtenga los dos escaños, esta debe doblar en el % a la lista que le sigue, de lo contrario ocupan los escaños el mas votado de lista ganadora con el mas votado de la lista perdedora, es decir se elige “uno y uno” cuando no existe doblaje. Esta situación genera empates en el legislativo puesto que otorga la misma cantidad de escaños al 65% que al 33% de las fuerzas. Ya que doblar en votación a la otra lista en la práctica resulta algo muy difícil[5].
Dada esta configuración, la transición a la democracia hasta la época actual ha dado origen a la política de los acuerdos[6], puesto que como no existen fuerzas menores en el parlamento que puedan ayudar a generar mayorías, los avances vienen dados por la generación de acuerdos entre los grandes bloques, lo que hace renunciar a muchos espíritus de cambios que uno u otro sector pueda sentir que es adecuado para su sociedad.
Sin duda que esta configuración ha ayudado a la sociedad Chilena a hacer madurar la democracia y sus instituciones, ha dejado atrás el fantasma de la inestabilidad y ha bloqueado la entrada de los populismos poniendo, por delante el crecimiento económico y la apertura comercial. Pero también es cierto que este modelo ha erosionado a los partidos y sus identidades, ha excluido a un importante sector de la sociedad que exige representación, y ha fomentado el individualismo por sobre la actividad colectiva.
Hoy Chile se refleja estable, su sociedad y las instituciones han madurado, la transición es un una realidad. Pero también es un hecho que sólo se ha administrado un modelo heredado de manera ilegítima a juicio de la mayoría de los chilenos, y es por ello que en la actualidad el pueblo criollo, demanda correcciones profundas a la forma en como se ha forjado esta realidad.
Una de ellas es la mayor representación en los espacios públicos y políticos, es decir representación de la sociedad en su conjunto en el modelo democrático y en el estado de derecho, y que aquello se conjugue con más balance y accountability de poder.
Es aquí el reto, pues algunos plantean que la estabilidad económica y la Gobernabilidad esta dada de manera directa por el sistema electoral, otros plantean que la transición no esta acabada si no se democratiza el sistema, y otros pensamos que si bien es cierto el modelo sirvió, hoy Chile se encuentra preparado para representar de mejor forma a su gente sin descuidar el progreso económico y fomentando el tejido social.
Cual es la solución?; mas representatividad a costa de la eficiencia?, o mas eficiencia a costa de la representatividad?, ni lo uno ni lo otro. Lo cierto es que los sistemas electorales deben representar el estadio de madurez de sus sociedades sin descuidar lo construido, deben afinar un círculo virtuoso entre sistema electoral, regímen de Gobierno y sistema de partidos. Porque en lo que hay claridad total entre las personas que representan el centro político, es que la democracia es el bien preciado que todos debemos cuidar y cultivar, pero que también se debe alimentar para que el día de mañana sea fuerte y robusta y no necesite de auxilios coyunturales que vayan en contra del progreso del país y de su gente.
Elson Bórquez Yánez
Juventud Demócrata Cristiana
En la medida que estos postulados van tomando cuerpo en nuestras democracias y por consiguiente se consolidan, surge la reflexión en los politólogos, los analistas y la sociedad en general, de cómo armonizar una perfección del sistema democrático, es decir, como conjugar las expresiones de gobernabilidad y representación que emanan de un sistema democrático.
Ciertamente en Latinoamérica los quiebres democráticos y la lenta reconstrucción de las instituciones han derivado en sistemas electorales muy poco armoniosos entre estas dos importantes variables, pues producto de los caudillismos y agitaciones sociales entre otras, se ha configurado un escenario donde prevalece la oligarquía y la creciente apatía por la política y sus partidos.
Pues Chile, no ha estado ajeno a esta realidad, el quiebre de la democracia en el año 1973 y los posteriores 17 años de dictadura militar, configuraron un espacio para que se introdujeran reformas profundas al sistema económico y político; por una parte la liberalización del mercado y la doctrina del sistema neoliberal marcó la economía nacional. La nueva carta fundamental del año 1980 y el ordenamiento político que de ella emanaba, daban cuenta de la preocupación que existía por un posible retorno de la inestabilidad política, por lo cual se potenció la gobernabilidad y el contrapeso político –ante una eventual derrota del régimen en la transición- entre la izquierda moderna y los sectores derechistas identificados con la dictadura de Pinochet, generando así barreras a los extremos e intentar convertirlas en fuerzas “moderadas”[1].
Es así que bajo este contexto se define el sistema electoral “binominal” que tiende a agrupar a las distintas fuerzas políticas en dos grandes coaliciones y generar una fuerza centrípeta del sistema de partidos. Bajo este contexto y considerando los hechos históricos en donde cada segmento o partido tiene un lugar en la historia de la dictadura, nacen dos grandes coaliciones que se disputan el poder hasta la actualidad a partir de la transición de 1989. La concertación de partidos por la democracia que agrupa a la mayoría de las fuerzas que fueron opositoras al régimen de Pinochet[2], y la Alianza por Chile que fueron los partidos que colaboraron activamente con el Gobierno Militar[3].
En esencia el sistema electoral binominal fuerza a los empates en la configuración legislativa, y asigna una sobrerepresentación a la segunda mayoría en desmedro de la primera. Esto se traduce en que para que una lista de Diputados o Senadores[4] obtenga los dos escaños, esta debe doblar en el % a la lista que le sigue, de lo contrario ocupan los escaños el mas votado de lista ganadora con el mas votado de la lista perdedora, es decir se elige “uno y uno” cuando no existe doblaje. Esta situación genera empates en el legislativo puesto que otorga la misma cantidad de escaños al 65% que al 33% de las fuerzas. Ya que doblar en votación a la otra lista en la práctica resulta algo muy difícil[5].
Dada esta configuración, la transición a la democracia hasta la época actual ha dado origen a la política de los acuerdos[6], puesto que como no existen fuerzas menores en el parlamento que puedan ayudar a generar mayorías, los avances vienen dados por la generación de acuerdos entre los grandes bloques, lo que hace renunciar a muchos espíritus de cambios que uno u otro sector pueda sentir que es adecuado para su sociedad.
Sin duda que esta configuración ha ayudado a la sociedad Chilena a hacer madurar la democracia y sus instituciones, ha dejado atrás el fantasma de la inestabilidad y ha bloqueado la entrada de los populismos poniendo, por delante el crecimiento económico y la apertura comercial. Pero también es cierto que este modelo ha erosionado a los partidos y sus identidades, ha excluido a un importante sector de la sociedad que exige representación, y ha fomentado el individualismo por sobre la actividad colectiva.
Hoy Chile se refleja estable, su sociedad y las instituciones han madurado, la transición es un una realidad. Pero también es un hecho que sólo se ha administrado un modelo heredado de manera ilegítima a juicio de la mayoría de los chilenos, y es por ello que en la actualidad el pueblo criollo, demanda correcciones profundas a la forma en como se ha forjado esta realidad.
Una de ellas es la mayor representación en los espacios públicos y políticos, es decir representación de la sociedad en su conjunto en el modelo democrático y en el estado de derecho, y que aquello se conjugue con más balance y accountability de poder.
Es aquí el reto, pues algunos plantean que la estabilidad económica y la Gobernabilidad esta dada de manera directa por el sistema electoral, otros plantean que la transición no esta acabada si no se democratiza el sistema, y otros pensamos que si bien es cierto el modelo sirvió, hoy Chile se encuentra preparado para representar de mejor forma a su gente sin descuidar el progreso económico y fomentando el tejido social.
Cual es la solución?; mas representatividad a costa de la eficiencia?, o mas eficiencia a costa de la representatividad?, ni lo uno ni lo otro. Lo cierto es que los sistemas electorales deben representar el estadio de madurez de sus sociedades sin descuidar lo construido, deben afinar un círculo virtuoso entre sistema electoral, regímen de Gobierno y sistema de partidos. Porque en lo que hay claridad total entre las personas que representan el centro político, es que la democracia es el bien preciado que todos debemos cuidar y cultivar, pero que también se debe alimentar para que el día de mañana sea fuerte y robusta y no necesite de auxilios coyunturales que vayan en contra del progreso del país y de su gente.
Elson Bórquez Yánez
Juventud Demócrata Cristiana
[1] Se definen moderadas en el contexto de aceptar la doctrina libremercadista y luchar por aliarse con fuerzas distintas ideológicamente pero con el fin de hacer tender al centro a los extremos.
[2] Esto es, Partido Demócrata Cristiano, Partido por la Democracia, Partido Radical Social Demócrata y Partido Socialista.
[3] Esto es, Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional.
[4] Se eligen dos Diputados por distrito y dos Senadores por Circunscripción.
[5] Tomando en cuenta que en las últimas elecciones presidenciales entre ambos bloques, éstas otorgan un margen de 55% a 45% aprox. a favor de la Concertación.
[6] Lleva este nombre puesto que los altos quórum establecidos para las leyes sensibles, obligan a buscar votos en el otro sector.
Diplomado en Gerencia Política y Gestión Pública Ciudad de México, Julio de 2007












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